lunes, 28 de octubre de 2013

Las pirámides desconocidas


Pirámide del Sol, Teotihuacán (México)
Cuando hablamos de pirámides, a todo el mundo le vienen inmediatamente a la mente las típicas imágenes de las enormes pirámides de Guiza o las no menos notables pirámides de Teotihuacán o tal vez las pirámides mayas, en América del Norte y Central. Estos son sin duda arquetipos o lugares comunes que todos reconocemos por su grandeza y fama, pero hay que decir que las pirámides no son un patrimonio exclusivo de Egipto y de Centroamérica. De hecho, se puede encontrar estructuras piramidales antiguas en muchos otros lugares del planeta, que son -por decirlo de alguna manera- de "segunda división", o incluso prácticamente desconocidas para el gran público, ya sea porque no se les ha dado publicidad, ya porque las investigaciones realizadas sobre tales monumentos han sido escasas o nulas. Así por ejemplo, quien escribe estas líneas tuvo muy reciente conocimiento de que en la lejana isla de Mauricio en el océano Índico existe un pequeño conjunto de pirámides escalonadas de las que (casi) nadie habla.


Así, podemos decir que el fenómeno de las pirámides en el Mundo Antiguo es prácticamente global, aunque aparece en épocas y lugares bastante separados en el tiempo y el espacio. Además, hay que decir que, a pesar de los puntos comunes, no existe un único patrón arquitectónico (salvo la propia forma piramidal) ni tampoco una misma finalidad. Desde hace muchas décadas se ha establecido una batalla entre difusionistas y autoctonistas para tratar de explicar las similitudes de ciertos rasgos culturales -incluidos los grandes monumentos- de culturas muy distantes entre sí (a veces, con océanos de por medio). En los primeros tiempos de la arqueología las tendencias difusionistas tuvieron bastante éxito, pero desde mediados del siglo XX se ha impuesto la autoctonismo como teoría que defiende la coincidencia como explicación más razonable, es decir, en diferentes épocas y territorios, los humanos han llegado a unas soluciones similares, sin que haya habido ningún contacto cultural, directo o indirecto.


Sea como sea, las formas piramidales están presentes en diversas culturas de todo el mundo, e incluso se ha hablado de posibles grandes pirámides bajo la nieve y el hielo de los continentes polares, el Ártico y la Antártida, aunque parece que son noticias con poca credibilidad... hasta el momento. La mayor parte de estas construcciones ha sido reconocida por los arqueólogos y no conlleva ningún tipo de misterio, lo que sí es cierto es que a menudo se trata de estructuras aún poco investigadas, algunas en mal estado de conservación o simplemente menos impactantes en términos arquitectónicos o artísticos. Ahora bien, en ciertos casos puntuales que comentaremos en este artículo, se ha creado una cierta polémica porque algunos investigadores alternativos afirman haber identificado auténticas pirámides en lugares insólitos, ante la oposición del estamento académico, que ignora o ridiculiza estas afirmaciones.


Las otras pirámides de América


Pirámide de Cholula (México)
Hay que decir que, aparte de los grandes conjuntos piramidales de América, tenemos algunas pirámides relativamente poco conocidas porque no son objeto de un turismo masivo, y entre ellas cabe destacar muy especialmente el caso de la pirámide de Cholula (México), que sólo ha sido excavada en un pequeño porcentaje, pues se trata de una estructura realmente gigantesca, enterrada bajo tierra y vegetación y ... ¡con una iglesia en la cima! Algunos autores alternativos le han asignado una antigüedad muy superior a la convencionalmente establecida, y eso le ha añadido un cierto aire de misterio, pero lo que sí está claro es que con unos 450 metros de lado (prácticamente el doble que la Gran Pirámide de Keops), es una pirámide impresionante, con un volumen estimado de aproximadamente 3 millones de metros cúbicos.

Por otra parte, todavía es menos conocida la existencia en los EE UU de un conjunto de estructuras piramidales en el parque nacional de Cahokia (Illinois). Se trata de una docena de estructuras orientadas a los cuatro puntos cardinales y construidas a base de piedra, arcilla y grava, aunque actualmente están cubiertas de tierra y vegetación. La mayor de ellas es el llamado Monks Mound ("túmulo de los Monjes"), que tiene una imponente base de 295 x 255 metros, con una altura de 26 metros; ocupa una superficie total de unos 60.000 metros cuadrados.


"Huaca" de la cultura moche (Perú)
Si nos desplazamos al sur del continente, encontraremos un buen número de  pirámides -casi todas en la zona de Perú- que son más bien desconocidas para el gran público (no para los arqueólogos, obviamente). Entre las pirámides sudamericanas más destacadas tenemos las huacas o pirámides de adobe de la antigua cultura moche (en el valle de Lambayeque, al norte de Perú), que pasaron desapercibidas por los expertos durante mucho tiempo por la simple razón de que todos pensaba que eran colinas naturales, dado su aspecto muy deteriorado. Estas pirámides son una especie de grandes túmulos hechos de ladrillos de adobe secados al sol que fueron levantados a lo largo de muchos siglos. También cabe mencionar las pirámides escalonadas de la región de Túcume, de tamaño bastante relevante. Se calcula que fueron necesarios más de 130 millones de ladrillos de adobe para erigir la pirámide de mayor tamaño, de base rectangular (450 x 100 metros) y unos 40 metros de altura. Actualmente se han catalogado en la zona hasta 26 pirámides.


Por otra parte, en 1994 se identificó un conjunto de túmulos o pirámides de una antiquísima cultura preincaica en la localidad de Caral, en la costa norte peruana. En cuanto a su razón de ser, todavía no se ha establecido claramente cuál sería la funcionalidad de estos monumentos; se supone que en la plataforma superior se situarían templos ceremoniales, pero no deja de ser una hipótesis de trabajo. En este caso, las estructuras no son especialmente impactantes, pero sí llama mucho la atención una datación -comprobada- excepcionalmente antigua. Se trataría, de hecho, de la civilización más arcaica de América, con unos inicios situados hacia el 2900 a. C. (según la cronología convencional, anterior a las primeras pirámides de Egipto), que dejaría las pirámides mesoamericanas casi en la categoría de  monumentos modernos.

Pirámide de Akapana (Bolivia)
También vale la pena destacar la llamada pirámide de Akapana, que forma parte del monumental conjunto de Tiahuanaco (Bolivia). Esta pirámide es una estructura escalonada, perfectamente orientada al cuatro puntos cardinales, cuya función no ha sido nunca determinada. En opinión del autor alternativo Graham Hancock no parece un edificio religioso ni ceremonial, sino más bien una especie de "máquina". En efecto, según descubrieron las investigaciones arqueológicas, su interior alberga una compleja y precisa red de conductos de piedra para la canalización del agua -a modo de sistema hidráulico- cuyo propósito es incierto, aunque Hancock especula sobre la idea de un sistema de procesamiento de mineral.


Aparte de todos estos restos, ya estudiados por la arqueología, corren rumores provenientes del ámbito alternativo sobre la existencia de otras pirámides medio ocultas por las gran selvas de la Amazonia. Así, en Internet podemos encontrar especulaciones sobre la localización mediante fotos de satélite de un gran complejo de pirámides desfiguradas por la vegetación en la zona de Pantiacolla. Sin embargo, no existen referencias científicas sobre estas supuestas estructuras; antes bien, se considera que no son obra humana, sino formaciones naturales.


Conjunto de pirámides en Asia


Para los expertos, las únicas estructuras asiáticas medianamente comparables a las pirámides egipcias serían los zigurats mesopotámicos y no hay nada más que decir. No obstante, hay que hacer notar que existen en el Lejano Oriente algunos templos similares a pirámides escalonadas, como los de Koh Ker (Camboya), Candi Sukuh (Java) o Andong (Corea). Asimismo, se han identificado en el Pacífico (en las islas de Tongabatu, Tauhala y Tahiti, por ejemplo) algunas pirámides escalonadas de no mucha altura construidas con bloques de piedra.


Pirámides en Shaanxi (China)
Ahora bien, desde la arqueología alternativa, se ha ido mucho más allá en el reconocimiento de auténticas pirámides en el corazón del continente asiático, concretamente un importante conjunto de pirámides en la región de Shaanxi (China). Estas estructuras, que son prácticamente desconocidas para el gran público, fueron objeto de difusión en el mundo occidental hace sólo un par de décadas, y aunque no hay ningún tipo de secretismo sobre su existencia, es bien cierto que no tenemos apenas datos procedentes de una investigación científica.


El origen de este "descubrimiento occidental" se remonta a mediados del siglo XX, cuando un piloto de las Fuerzas Aéreas de los EE.UU., James Gaussman, fotografió cerca de la ciudad de Xian una pirámide -que luego se bautizó como "pirámide blanca"- de enormes dimensiones: unos 450 metros de lado y unos 300 metros de altura, lo que la haría bastante más grande que la Gran Pirámide de Guiza. El tema estuvo detenido durante bastantes años hasta que en la década de 1990 comenzaron a correr ríos de tinta -y de bytes en Internet- sobre fotografías por satélite que confirmaban este hallazgo, así como la presencia de muchas más estructuras en la zona, casi todas de forma troncopiramidal (es decir, con la cima truncada) y recubiertas de tierra y vegetación. En concreto, se habla de más de 100 pirámides de diverso tamaño en un área aproximada de unos 2.000 km2. También se da por hecho que las autoridades chinas no están muy interesadas en difundir la existencia de estas pirámides ni tampoco en llevar a cabo un estudio sistemático de los monumentos. Sin embargo, hoy en día cualquiera puede observar este conjunto de pirámides a través del programa Google Earth.

"Pirámide blanca" (China)
Algunos investigadores alternativos europeos como Peter Krassin o Hartwig Hausdorf han tratado de recopilar datos y material gráfico sobre estas construcciones, pero de hecho hay muy poca información fiable y contrastada. Además, se han propuesto teorías fantásticas sobre un supuesto origen extraterrestre de estas construcciones, lo cual no ayuda precisamente a un estudio serio. Sin embargo, las informaciones más recientes y menos heterodoxas afirman que estas estructuras eran grandes túmulos funerarios de antiguos emperadores, incluyendo la famosa pirámide blanca que, en opinión del investigador Walter Hain, se trataría del conocido mausoleo del emperador Maoling.


Las polémicas pirámides europeas


Pirámide guanche, Islas Canarias
También se puede hablar de pirámides en Europa, aunque -una vez más- con los matices correspondientes. Si nos referimos a pirámides de caras lisas, sólo tenemos la modesta imitación romana llevada a cabo en la tumba de Caius Cestius en Roma. Sobre otros tipos de estructuras, sabemos, por ejemplo, que el gran túmulo de Silbury Hill (Gran Bretaña) contiene un núcleo piramidal escalonado en espiral, cubierto por unos 250.000 m3 de tierra compactada. En cuanto a estructuras piramidales escalonadas, tenemos no pocos ejemplos en varias regiones europeas. Así, cabe destacar las pequeñas pirámides guanches, en las Islas Canarias, aparte de otros monumentos similares en otros países, como Alemania, Italia o Grecia.


Ahora bien, en el campo alternativo se habla de otras posibilidades que no son aceptadas por la ciencia y que han conllevado altas dosis de controversia. Los dos casos más significativos los encontramos en Italia y Bosnia, y el quid de la cuestión radica en averiguar si estamos ante estructuras artificiales o formaciones naturales. De las pirámides italianas, tres colinas cerca de la localidad de Montevecchia, apenas se habla; de hecho, aparte de una breve intervención a cargo de unos investigadores checos, no se ha hecho ningún estudio a fondo. En el caso de Bosnia, el tema ha tomado cierta importancia debido a la intervención de Semir Sam Osmanagic, un empresario bosnio-americano en funciones de arqueólogo amateur, que defiende apasionadamente la autenticidad de una gran pirámide -la "Pirámide del Sol"- cercana a la localidad de Visoko, e incluso reivindica la existencia de otras cuatro estructuras piramidales y un templo. Las fotografías muestran ciertamente una montaña de cierta altura (más de 200 metros), con cuatro caras triangulares inclinadas y con una orientación bastante precisa los puntos cardinales, rasgo muy característico de las pirámides.


"Pirámide del Sol", Visoko (Bosnia)
Osmanagic ha realizado algunas excavaciones en esta montaña a fin de demostrar que se trata de una estructura artificial y ha encontrado algunos restos que podrían identificarse como muros o pavimentos e incluso una red de túneles, aparte de unos pocos artefactos prehistóricos. Algunos expertos en geología y en arqueología han visitado este lugar y en general no han encontrado ningún rastro de intervención humana; en todo caso, podrían haber algunos restos artificiales, pero sobre una montaña perfectamente natural. En 2007 el egiptólogo egipcio Nabil Swelim, tras realizar un completo estudio in situ,redactó un informe en el que otorgaba cierto crédito a las afirmaciones de Osmanagic, pero consideraba que el núcleo de las supuestas pirámides sería del todo natural. 

[Para información más detallada y actualizada sobre este caso, véase mi extenso artículo en este blog: La controversia de las pirámides de Bosnia]


¿Pirámides bajo los océanos?


Estructuras submarinas de Yonaguni (Japón)
Finalmente, y ya en el terreno 100% alternativo, hay que decir que desde hace unos años salen de vez en cuando noticias sobre posibles pirámides sumergidas bajo las aguas de los océanos. De hecho, ya hace tiempo que algunos autores alternativos han incidido en el hecho que hay más que posibles indicios de grandes estructuras artificiales en el fondo marino que podrían pertenecer a una civilización desaparecida. Estas estructuras habrían sido cubiertas por las aguas como consecuencia de un fuerte crecimiento del nivel de los mares, hacia el 10000 a. C. aproximadamente. Por ejemplo, cabe mencionar los supuestos restos de Yonaguni (Japón), del Golfo de Cambay (India), de Malta o del Caribe (cerca de Cuba y de las islas Bimini, principalmente).


Por otra parte, en los últimos tiempos han aparecido noticias sensacionalistas sobre el hallazgo de grandes pirámides submarinas, especialmente en el área atlántica donde se había especulado sobre la presencia de los restos del mítico continente de la Atlántida. Así, se ha llegado a hablar de una enorme pirámide (¡de cristal!) en la zona del famoso "Triángulo de las Bermudas". En estos casos, sin embargo, todo apunta a fuentes de información más bien oscuras (un síntoma de la enorme rumorología que corre por Internet) ya montajes gráfico-informáticos no muy complicados de hacer. Sin embargo, aún tenemos una información muy reciente sobre una pirámide de unos 90 metros de lado y 60 m. de altura encontrada a unos 40 metros de profundidad cerca de las islas Azores. Lamentablemente, una vez más, nos faltan datos e investigaciones fiables sobre este caso por poder emitir un sólido veredicto.

(c) Xavier Bartlett 2013 

Actualización 2015 

 

Pirámide de Dvin (Armenia)
He tenido muy reciente conocimiento de otra pirámide desconocida en un lugar relativamente insólito: Armenia. Este país tiene un gran patrimonio histórico y arqueológico que en gran parte sigue siendo bastante ignorado fuera de sus fronteras. El autor escocés Graham Hancock visitó el país el pasado año para documentar su nuevo libro Magicians of the Gods y encontró en la localidad de Dvin una estructura artificial en forma de pirámide, pero cubierta de tierra. La pirámide de Dvin parece ser que es harto conocida por los lugareños pero el gobierno armenio no ha dado aún permiso para investigarla. Sin embargo, en la cima se ha practicado una excavación ilegal que ha dejado al descubierto una estructura de piedra debajo de la superficie. Es más, en las ruinas de la antigua ciudad de Dvin se halló una piedra grabada con un relieve que muestra de forma clara una típica pirámide escalonada (ver foto adjunta). Lamentablemente, hasta que no se puedan realizar allí trabajos arqueológicos sistemáticos, no se puede decir mucho más sobre esta estructura.

Fuente: http://timeofanewera.com/tour-armenia-tour-with-graham-hancock,27.html

lunes, 7 de octubre de 2013

Immanuel Velikovsky y el catastrofismo



Introducción



Las teorías sobre el catastrofismo se contraponen al llamado gradualismo (o uniformismo), que defiende la visión de un mundo que evoluciona lentamente durante millones de años al ritmo de pequeños cambios, a excepción de momentos puntuales en que se producen cambios más rápidos y más radicales que podrían explicar ciertos saltos abruptos en registro fósil de las especies (lo que el paleontólogo Stephen Jay Gould calificó de “equilibrio puntuado”). No hay que ser muy perspicaz para observar que, detrás de esta dualidad, podemos ver un conflicto entre las tesis más o menos creacionistas (o interpretaciones influidas por creencias religiosas) y las tesis evolucionistas. Así no es de extrañar que el catastrofismo más extremo y cercano a las lecturas mitológicas tenga muy pocos adeptos entre las filas científicas ortodoxas.

El catastrofismo, como cabe suponer, no es precisamente un tema reciente. De hecho se podría remontar incluso hasta la Edad Media, pero para referirnos a tiempos cercanos, digamos que en el siglo XVIII el teólogo inglés William Whiston ya propuso un escenario catastrófico en la Antigüedad, sugiriendo que el gran Diluvio Universal fue causado por el encuentro de nuestro planeta con un gran cometa. Posteriormente, el jesuita Franz Kugler (1862-1929) retomó el tema y lo relacionó con la antigua mitología, que estaba plagada de referencia a batallas celestes, protagonizadas por seres divinos. Por otro lado, en el terreno estrictamente biológico y geológico, también se defendió el catastrofismo para explicar los cambios observables en la Naturaleza. El padre científico de este catastrofismo natural fue el francés Georges Cuvier (1769-1832).



El catastrofismo más reciente propugna que el Sistema Solar es mucho menos estable de lo que imaginamos y que desde tiempos inmemoriales se han producido tremendas catástrofes que han afectado a varios planetas del Sistema Solar (y la Tierra entre ellos, obviamente). Dichos desastres habrían tenido lugar desde épocas prehistóricas muy lejanas ­–prácticamente en los tiempos en que se formó la Tierra– hasta épocas históricas relativamente próximas (el primer milenio antes de nuestra era), configurando finalmente el Sistema Solar que observamos hoy en día, incluyendo el aspecto actual de nuestro planeta.



Mundos en colisión




Estudiar las teorías catastrofistas en el ámbito de la historia alternativa supone hablar forzosamente de Immanuel Velikovsky (1895-1979). Este investigador ruso-norteamericano, médico psiquiatra de formación y psicoanalista de profesión, fue –y sigue siendo– la figura más destacada en el terreno del catastrofismo, gracias a su obra principal que lleva por título Worlds in collision («Mundos en colisión»), publicada en los EE UU en 1950. El libro ya tuvo graves problemas para ver la luz, ya que fuertes presiones obligaron a la editorial McMillan –que lo publicó por primera vez– a desecharla al año siguiente y cederla a una empresa competidora, sin que ello impidiera una destacada difusión entre el público, a pesar de las numerosas críticas de la comunidad científica.



El origen de las teorías de Velikovsky se remonta a 1939, a partir de un estudio titulado Freud y sus héores sobre algunos personajes de la antigüedad como Moisés, Edipo y Akhenaton. Cuando preparaba este trabajo, se dio cuenta que podía usar las referencias a antiguas catástrofes como medio para obtener un cuadro histórico sincrónico de diversas culturas de la Antigüedad. Desde ahí empezó a construir sus teorías utilizando multitud de fuentes, y no todas estrictamente mitológicas. Aparte de analizar extensamente la Biblia, el Talmud y los mitos y tradiciones de varias culturas de todo el mundo (Babilonia, Grecia, Roma, Persia, India, China, Japón, islas de Pacífico, México, Perú, entre otras), también recurrió a papiros egipcios y a otros textos históricos. Sin embargo, dicho sea de paso, su obra de 1956 Earth in Upheaval («La Tierra en conmoción») estaba basada en estudios de tipo geológico y biológico, evitando expresamente la referencia a las fuentes míticas, para aportar un sólido apoyo empírico a sus propuestas.



¿Qué tenemos pues en sus mundos en colisión? Lo que propone Velikovsky es que algunas de las catástrofes citadas en los textos antiguos no fueron en modo alguno invenciones o exageraciones sino que fueron sucesos reales que tuvieron un gran impacto en la Humanidad de aquellos tiempos. En su obra, Velikovsky presenta básicamente dos hechos: por un lado, un enorme cometa causó una gran catástrofe en los tiempos de las siete plagas de Egipto (hacia el año 1500 a. C.) –según se narra en el Éxodo bíblico– en su primer paso cerca de la Tierra. Cincuenta y dos años más tarde, en tiempos de Josué, se produjo otro terrible fenómeno. El Sol y la luna se pararon durante un día, tras un nuevo paso del mismo cometa. Por otro lado, se produjeron otros eventos catastróficos en el primer milenio antes de Cristo, unos 700-800 años después de los primeros hechos, a causa de otro cuerpo celeste que se acercó a la Tierra. Las narraciones en este caso se refieren a la destrucción del ejército de Senaquerib en el sitio de Jerusalén.



Todo ello debido al paso de un gigantesco cometa, pero... ¿cuál? Velikovsky lanzó la teoría de que una gran explosión en el planeta Júpiter habría originado este cometa y lo habría expulsado hacia el interior del Sistema Solar, donde habría pasado muy cerca de Marte y la Tierra. Y este cometa –y aquí viene el gran desafío a la astronomía– se convirtió, una vez adquirida una órbita estable alrededor del Sol, en el planeta Venus.



Efectivamente, para Velikovsky el acercamiento de Venus fue tal que su gran cola barrió el planeta, provocando toda esta serie de hecatombes. Y a escala cósmica provocó una alteración en la órbita de la Tierra alrededor del Sol (que hasta entonces era de 360 días, como los grados de la circunferencia), de tal manera que se vio incrementada hasta los actuales 365 días y un cuarto aproximadamente. En realidad, muchas culturas antiguas utilizaban un calendario basado en un año de 360 días, a los que luego hubo que adjuntar unos días especiales. Velikovsky añadió a esta variación orbital otros efectos no menos importantes como diversos cambios de posición del eje terrestre, un desplazamiento de los polos o alteraciones en la órbita de la Luna.



Pero Velikovsky no sólo recurrió al mito, sino que también siguió el rastro de Venus en la antigua astronomía. Verificó las observaciones astronómicas de las tablillas de Ammizaduga (Asiria) en las que se señalaban extrañas irregularidades en los movimientos de Venus. Asimismo, tuvo en cuenta que en la tradición brahmánica de la India no se citaban más que cuatro planetas (esto es, no estaba Venus). Y lo mismo ocurre en la astronomía babilónica más antigua: sólo cuatro planetas. Solamente en una época posterior hay una referencia a Venus como «la gran estrella que se reunió con las otras estrellas». De hecho, para los babilonios Venus (Ishtar) era un astro con cabellera. A su vez, los antiguos indígenas americanos apodaban a Venus la estrella que echa humo.



El universo eléctrico de Velikovsky




Pero lo que sin duda provocó tanta polémica y rechazo fue su órdago a la astronomía ortodoxa de origen newtoniano. Velikovsky propuso un Sistema Solar inestable y convulso, no perfectamente regulado por las fuerzas gravitacionales, sino profundamente afectado por las fuerzas electromagnéticas. (Este fue precisamente un tema que despertó gran interés en Einstein, que intercambió una extensa correspondencia con Velikovsky sobre el papel de estas fuerzas en la mecánica celeste). De hecho, Velikovsky equiparó el Sistema Solar al átomo, siendo el Sol el núcleo y los planetas los electrones que giraban alrededor de éste, según fuerzas eléctricas. Para el autor ruso-americano, los movimientos erráticos de los planetas, en vez de ser el resultado de colisiones, se deberían a alteraciones en los niveles cuánticos de energía de los planetas, causados por la absorción de uno o varios fotones.



En fin, frente a un universo ordenado por las leyes de la gravedad, Velikovsky dio crédito a unas viejas historias que hablaban de grandes conmociones cósmicas. Cabe señalar que, además de citar todos los desastres provocados por el errático Venus, también destacó el hecho de que al paso del cometa se produjo –según los textos antiguos– un tremendo relámpago, una descomunal descarga eléctrica entre la Tierra y el cometa. Al parecer, tuvo lugar a continuación una batalla eléctrica entre la cabeza del cometa y su cola, que la mitología recordó con diversos nombres: Zeus contra Tifón, Isis frente a Seth, Marduk contra Tiamat, etc. Y lo peor de todo es que el hombre habría borrado de su memoria estos terribles hechos tan traumáticos que pusieron al a Tierra al borde de la completa destrucción y los habría ocultado en forma de mito, dando lugar a una amnesia cultural, una auténtica amnesia histórica, argumento que luego ha sido utilizado extensamente por muchos otros autores alternativos.



Predicciones polémicas




Llegados a este punto, y si dejamos la mitología a un lado, nos podemos preguntar qué hay de cierto, en términos de pruebas científicas, en el escenario propuesto por Velikovsky. Pues bien, el propio Velikovsky realizó una serie de predicciones sobre Venus, a tenor de su agitado origen, así como de otros astros. En resumen tendríamos lo siguiente:

  • Al ser aún un planeta muy joven, su superficie debería ser extraordinariamente caliente.
  • Su atmosfera debería ser muy densa, compuesta principalmente de nubes de hidrocarbono (los restos de la cola del cometa).
  • Debería tener anomalías orbitales con respecto al resto de planetas, en particular en lo que se refiere a su movimiento de rotación.
  • El planeta Júpiter emitiría señales de radio dentro del espectro electromagnético.
  • El campo magnético de la Tierra llegaría hasta la misma órbita de la Luna.

Todas estas prediciones fueron realizadas entre 1950 y 1953, cuando la ciencia de la época no tenía todavía confirmación de estos hechos. Sin embargo, con la llegada de la era espacial se fueron despejando algunas incógnitas. En efecto, desde las primeras misiones a Venus por parte de las sondas espaciales rusas y americanas a partir de la década de 1960 hasta las más recientes exploraciones, se ha ido acumulando información de primera mano sobre este planeta, lo que ha permitido verificar la certeza de algunas de estas predicciones.



Ciertamente, hasta mediados del siglo XX, se creía que Venus y la Tierra eran planetas muy semejantes, casi gemelos, pero las investigaciones posteriores desmontaron esta imagen. Básicamente se ha verificado que Venus es un planeta con ciertos rasgos específicos muy particulares. Tiene un movimiento de rotación retrógrado, que además es muy lento. Esto hace que su día (243 días terrestres) sea más largo que su año (225 días terrestres). Su órbita alrededor del Sol, a diferencia del resto de planetas, es una circunferencia casi perfecta. Finalmente, se ha comprobado que tiene una elevada temperatura en su superficie (de hasta 480º C) y que su atmósfera es muy densa y está compuesta esencialmente por dióxido de carbono. Con respecto a las otras predicciones, en 1955 los astrónomos Burke y Franklin verificaron la existencia de señales de radio emitidas por Júpiter. Posteriormente, en 1965, se confirmó el alcance del campo magnético de la Tierra, que llegaría a las proximidades de la Luna.



La crítica a Velikovsky




Aún a día de hoy existe una amplia polémica sobre la validez o la precisión de esas predicciones, con valoraciones que van de un extremo a otro: desde los que opinan que Velikovsky acertó en todo lo que escribió hasta los que rechazan prácticamente todos sus trabajos, pasando por visiones intermedias que reconocen algún mérito al autor ruso-americano pero negando la mayoría de sus propuestas. Veamos al menos tres voces solventes contrarias a Velikovsky.



Para Martin Gardner, que abordó superficialmente las teorías de Velikovsky en su libro de 1957 Fads and fallacies in the name of science («Modas y falacias en el nombre de la ciencia»), el trabajo de Velikovsky simplemente consistía en buscar y copiar las las historias adecuadas –y omitir las inconvenientes– que coincidieran con su teoría, con la ventaja de poder adecuarlas a su fin, dada la incierta datación de los relatos míticos. Por ejemplo, para Velikovsky, a la fecha del hundimiento de la Atlántida –9.000 años antes de Solón– «le sobraba un cero», lo cual situaba este hecho sólo 900 antes, es decir, coincidiendo con las convulsiones producidas por el primer paso de su cometa. En su opinión, Worlds in Collision –cimentada casi totalmente en mitos y leyendas– sería una obra totalmente pseudocientífica, fruto de un intento de racionalizar las creencias judías del autor.



Otro científico, en este caso bastante receptivo a las visiones heterodoxas, el químico Henry Bauer, realizó una extensa crítica a Velikovsky en su libro Beyond Velikovsky: The History of a Public Controversy (1984) y, entre otras cosas, se preguntó sobre el sorprendente éxito popular de Worlds in Collision pese a la evidente falta de solvencia científica de su autor. Y en esto coinciden varios de los que le han juzgado: el estilo de Velikovsky es erudito, coherente y seductor, lo cual induce a dar por buenos sus argumentos sin plantearse posibles defectos (y aquí tendríamos otro de los grandes males que se le achacan a la arqueología alternativa: el lector medio no detecta las falsedades detrás de un discurso aparentemente impecable



Por su parte, el afamado Carl Sagan, también rebatió a Velikovsky en su libro de 1979 Broca’s brain («El cerebro de Broca»), al que le dedicó todo un capítulo. Básicamente, Sagan aceptaba el catastrofismo, entendido como una serie de colisiones entre astros o de impactos de meteoritos o cometas en el dilatado periodo de 4.600 millones de años, pero no admitía que se hubieran producido ciertas catástrofes en tiempos relativamente recientes. Luego aportó hasta diez argumentos basados en la más pura ciencia astrofísica, desde la imposibilidad de eyección de Venus por parte de Júpiter hasta la inviabilidad física del “parón” y retroceso de la rotación de la Tierra. Sin embargo, para muchos expertos ortodoxos la refutación de Sagan tal vez no fue lo suficientemente clara y decisiva como podría haber sido. El hecho es que a día de hoy, los escasos partidarios de Velikovsky todavía pueden esgrimir pruebas científicas que avalan ciertos aspectos del escenario velikovskiano.



El arquetipo del defensor de la heterodoxia




Más allá de la polémica, es justo reconocer que la controvertida figura de Velikovsky es todo un arquetipo en la defensa de la heterodoxia, pues sin duda reúne muchos de los rasgos típicos de los autores alternativos que se enfrentan al estamento académico desde múltiples enfoques:

  •  Trabajó solo y fuera de los círculos científicos; escribió para el gran público.
  •  Se opuso a las teorías científicas dominantes.
  • Realizó un estudio multidisciplinar a partir de materiales míticos o religiosos, a los que concedió validez científica.
  • Fundamentó sus tesis en aspectos mucho más cualitativos que cuantitativos (medibles o comprobables).
  • Denunció ser perseguido por los guardianes del paradigma y ser víctima de la intolerancia y estrechez de miras de sus oponentes.
  • En general, encajaba mal las críticas.

Velikovsky, además, despertaba bastantes antipatías por ser contrario a Darwin y a las tesis evolucionistas, a las que consideraba dogmáticas. Para él, el evolucionismo, al que acusaba de suprimir pruebas incómodas, no era más que otro retroceso científico provocado por la vuelta al aristotelismo. Por si fuera poco, pensaba que toda la ciencia oficial era más bien pseudocientífica, al omitir las pruebas y evitar las discusiones sobre el dogma. Sin duda, una actitud poco propicia para hacer amigos dentro del mundo científico...

(c) Xavier Bartlett 2013