lunes, 9 de enero de 2017

"Ooparts" de alta tecnología


Introducción


En el siempre complejo y variopinto mundo de los ooparts[1], existen ciertos artefactos  que podríamos relacionar con una tecnología bastante avanzada, comparable a la actual o incluso de un nivel superior, y que se han asignado a contextos cronológicos imposibles, esto es, a épocas muy remotas en las cuales no había supuestamente el menor rastro de tecnología moderna.

Por desgracia, estas asombrosas noticias de objetos anómalos suelen ir acompañadas de bastante sensacionalismo pero de muy pocos datos fiables o contrastables, lo cual más bien dificulta la genuina investigación alternativa que trata de esclarecer los hechos y retar a la ortodoxia en arqueología. Lo cierto es que sobre este tipo de artefactos podemos emitir básicamente tres juicios:

1.     Que sean hallazgos verdaderos, pero que no constituyan en sí mismos una anomalía, porque tienen una explicación razonable dentro del actual paradigma, a la luz de la información disponible. Generalmente, se trata de simples confusiones o malas interpretaciones, en las cuales en principio no hay intención de engaño, pero sí prejuicios, sesgos o malas prácticas.

2.     Que los supuestos ooparts sean fruto de fraudes o manipulaciones, esto es, actuaciones con mala fe para confundir al público. En estos casos, los objetos no serían “auténticos”, o bien habrían sido introducidos en contextos anómalos de forma artificial.

3.     Que, con todos los datos disponibles y habiendo analizado rigurosamente el objeto y su contexto, no haya forma de darle una explicación coherente dentro del paradigma, lo cual apuntaría a la autenticidad del oopart. Sin embargo, en bastantes casos no es posible decantarse por una u otra opción, precisamente por no tener la suficiente cantidad o calidad de información, lo cual deja el artefacto en una especie de limbo científico, a la espera de obtener otros datos concluyentes.

A continuación presentaré unos pocos ejemplos de estos ooparts de “alta tecnología” que de algún modo podrían encajar en alguno de estos tres escenarios, para que los lectores se puedan hacer una idea de las controversias planteadas y extraigan su propia conclusión.

Artefacto de Coso


Radiografía del artefacto de Coso
El llamado “artefacto de Coso” fue encontrado en 1961, durante una prospección de minerales en los montes Coso (California, EE UU). Las tres personas que realizaron el hallazgo lo identificaron en principio como una geoda[2]. Al abrir ésta, pudieron observar en su interior un objeto con una envoltura de porcelana y un núcleo metálico. Al parecer, un geólogo consultado –cuya identidad quedó en el anonimato– afirmó que la geoda había experimentado un proceso de formación de unos 500.000 años. Más adelante, se realizaron diversas radiografías que mostraron más detalles del extraño objeto, que fue interpretado como un artefacto tecnológico antiquísimo, a la luz de la datación geológica.

Sin embargo, al conocerse y difundirse la peculiaridad del objeto, muchos escépticos rechazaron la idea de que fuese un artefacto de una época remotísima. En concreto, la investigación emprendida por los científicos Pierre Stromberg y Paul Heinrich rebajó muy notablemente la antigüedad del objeto. Tras analizar los datos disponibles y las radiografías,  determinaron que el artefacto en cuestión no era más que una bujía de los años 20 del siglo pasado, de la marca Champion para ser más precisos. La explicación dada se basaba en procesos naturales bien conocidos, que bien poco tendrían que ver con una geoda. Según estos investigadores, en aquella zona se habían llevado a cabo actividades mineras a inicios de siglo y es bien posible que allí quedase abandonada la bujía. Con el paso del tiempo, dicha bujía habría resultado fuertemente corroída y oxidada. Seguidamente, como ya se ha constatado en casos semejantes, se habrían formado sedimentos de óxido de hierro sobre la bujía en un proceso relativamente rápido, y a su vez estos sedimentos habrían envuelto el objeto sobre el suelo, junto con pequeños guijarros y algún fragmento metálico.

En resumen, todo indicaría que la bujía quedó atrapada en un bloque compacto, lo que pudo llevar a la confusión con una geoda. De hecho, una de las descubridoras del objeto aseguró que el aspecto original de la concreción le recodaba más bien a arcilla endurecida. Con este dictamen podríamos cerrar el caso como un simple fallo de interpretación, si bien hay que reseñar que apenas se pudieron realizar análisis directos sobre el objeto real, ya que desapareció en 1969 sin que nadie haya vuelto a saber nada de su paradero. Quizá esa fuera la mejor forma de correr un tupido velo sobre el asunto.

La piedra Petradox


Piedra Petradox con enchufe incorporado
Un caso similar al anterior, pero bastante más insólito, es el de la piedra “Petradox” o “Enigmalith”. Se trata de un hallazgo hecho en 1998 por un ingeniero eléctrico estadounidense llamado John J. Williams, que encontró en un lugar indeterminado de su país una extraña piedra que presentaba una insólita incrustación: una típica clavija de un enchufe eléctrico triple[3], con un diámetro de unos 0,8 centímetros.

Para empezar a ver sombras en el asunto, Williams nunca ha querido revelar dónde realizó el hallazgo, aunque asegura que se trataba de una zona rural y relativamente salvaje, lejos de centros urbanos, industrias, etc. Así, aduce que quiere mantener esta localización en secreto para evitar que el lugar sea asaltado por buscadores de rarezas. Todo esto no tiene mucho sentido, pues lo que hace Williams es tirar piedras contra su tejado (nunca mejor dicho), y dado que la pieza en cuestión es supuestamente auténtica y excepcional, lo lógico es que aportase el máximo de datos que avalasen su historia. Eso sí, Williams ha ofrecido la piedra a cualquier investigador que desee analizarla, pero siempre que sea en su presencia y sin abrirla bajo ninguna circunstancia.

Por la información disponible en Internet, sabemos que Williams ha hecho examinar el objeto por un geólogo y un ingeniero (anónimos, una vez más), que habrían corroborado que la piedra es granito y que el enchufe no ha sido pegado o soldado a la piedra de manera fraudulenta. Por otro lado, se dice que el interior de la roca ha sido explorado con rayos-X, mostrando que el supuesto mecanismo eléctrico se adentra en ella. En cuanto a las tres puntas del enchufe, no hay ningún dato acerca de su composición, lo cual resulta un poco desconcertante. Finalmente, Williams ofrece una datación geológica de la piedra, que se remontaría a unos 100.000 años, lo que daría el sello definitivo de oopart a este objeto. No obstante, mira por dónde, el granito más joven que conocemos tiene unos 800.000 años, lo cual ya dice bien poco del examen riguroso de la piedra.  

Pero lo que sin duda acaba por derrumbar esta historia es entrar directamente en la web de John J. Williams, leer sus explicaciones y sobre todo descubrir que Williams ha tasado la pieza en 500.000 dólares y que vende un CD con buenas fotos de la piedra a 19 dólares. Lamentablemente, todo apunta a que estamos ante un montaje más o menos espectacular (pero muy poco creíble) llevado a cabo por un ingeniero electrónico... ¡qué casualidad!

Nanotecnología en Siberia


Aspecto de una nanoespiral
En 1992 un equipo de geólogos rusos[4] que estaba realizando prospecciones junto al río Narada, en los Urales, extrajo una serie de muestras que contenían unos pequeñísimos objetos metálicos en unos estratos situados a cierta profundidad, entre 3 y 12 metros. En efecto, el examen de las muestras –realizado en los laboratorios del Instituto de Investigación Geológica de metales nobles de Moscú– detectó la presencia de unos minúsculos artefactos de entre 3 cm. y 0,003 mm, algunos de ellos imperceptibles para el ojo humano.

Los análisis mostraron que dichos objetos eran piezas metálicas bien diseñadas y que estaban compuestas de cobre, wolframio o molibdeno. Su aspecto se asociaba a lo que hoy conocemos como nanotecnología, una tecnología de vanguardia que nació en la década de 1970 y que se emplea en diversos campos profesionales, como la electrónica la tecnología espacial o la medicina. Las piezas más abundantes eran nanoespirales, en su mayoría de wolframio, realizadas con gran precisión, con la superficie lisa, si bien a veces presentaban agujeros.

Obviamente, el quid de la cuestión radica en que los estratos en que se hallaron estos artefactos habían sido datados entre 20.000 y 318.000 años, lo que viene a ser completamente imposible desde la ortodoxia científica. Ahora bien, recopilando más información y datos sobre estos ooparts, no resulta complicado llegar hasta la principal fuente de esta asombrosa noticia: el ufólogo ruso Valery Uvarov. Aquí es cuando suenan las alarmas y descubrimos un discurso en que el investigador ruso nos vende que la presencia de estos objetos es la prueba de la presencia tecnológica extraterrestre en la prehistoria humana[5]. Y lo que es más, Uvarov se atrevió a identificar estas piezas con restos de antiguas antenas estacionadas en nuestro planeta.

Naturalmente, los escépticos se apresuraron a desacreditar esta historia, alegando que o bien las pruebas y mediciones se habían realizado defectuosamente o bien que todo el asunto era directamente una falsificación o fraude. Lo que parece claro es que los objetos son inequívocamente artificiales, tanto si fueron hallados in situ como si no[6]. Lo que ocurre, para complicar más el tema, es que parece ser que en otros ríos cercanos al Narada, como el Koshim o el Balbanju, se hallaron posteriormente objetos similares, aunque nuevamente en este caso se hace complicado remontarse a fuentes fidedignas. Así pues, sin bibliografía científica reconocida y sin información original fiable, da la impresión de que esta historia sobrevive en Internet como una mera leyenda o rumor sensacionalista, que puede tener una parte más o menos verídica sobre la cual se ha construido una fantasía.

El pie de aluminio de Aiud


Artefacto metálico hallado en Aiud
En 1974, unos operarios que estaban trabajando en una trinchera en la ribera del río Mures, a unos dos kilómetros de la localidad de Aiud (Rumanía) encontraron en el mismo nivel, a unos 10 metros de profundidad, dos grandes huesos –identificados posteriormente como de mastodonte[7]– y un pequeño objeto de metal recubierto de una gruesa capa de óxido, con unas dimensiones de 20 cm. de largo,  12,5 cm. de ancho y 7 de alto. Pensando que podía ser un hallazgo arqueológico, el artefacto fue remitido para su estudio al Instituto Arqueológico de Cluj-Napoca, donde se confirmó que era un objeto metálico de aluminio.

Con todo, la excepcionalidad de esta pieza, que tenía forma de calzo o cuña con dos pequeños cuernos perforados, hizo que fuese analizada por el Instituto para el Estudio de Minerales Metálicos y No-metálicos (ICPMMN), de Magurele, en la misma Rumanía. Allí, bajo la dirección del Dr. Niederkorn, se procedió a examinar la composición del objeto, que dio como resultado una compleja aleación  metálica. Lo más destacado es que se pudo verificar que hasta el 89% de la pieza era de aluminio puro, con pequeñas aportaciones de otros metales como cobre (6,2%), sílice (2,84%) y zinc (1,81%), más unas leves trazas –por debajo del 1%– de otros elementos como plomo, zirconio, cobalto, cadmio, níquel, bismuto y plata. El objeto también fue examinado en un laboratorio de Lausana (Suiza), donde se llegaron a las mismas conclusiones. Por lo demás, su funcionalidad no quedó clara, aunque por un agujero central que presentaba se especuló que podría tratarse de un pie para otra pieza.

Las incógnitas que planteaba el objeto eran ciertamente relevantes por dos motivos. Por un lado, la capa de óxido era buena muestra de que no se trataba de un artefacto reciente, si bien algunos expertos le calcularon no más de 300 ó 400 años, y por tanto no coincidiría con el contexto paleontológico tan antiguo de los mastodontes. Pero, por otro lado, aun admitiendo que se había producido una evidente intrusión en un estrato muy profundo, el objeto seguía siendo bastante anómalo, porque sabemos perfectamente que hasta inicios del siglo XIX no fue posible producir aluminio y que hasta finales de ese siglo no se produjo en grandes cantidades.

En definitiva, tendríamos un objeto metálico aparentemente muy antiguo y hecho básicamente de aluminio, cuando es bien sabido que esta tecnología metalúrgica es relativamente moderna. Pero profundizando un poco en el devenir de este objeto, vemos que estuvo muchos años acumulando polvo en un almacén hasta que a mediados de los 90 fue retomado por los seguidores de los antiguos astronautas (a través de una revista de ufología), siendo entonces presentado como la pieza de un supuesto OVNI. Así, según un anónimo ingeniero aeronáutico, se trataría de la pieza de un tren de aterrizaje para una nave de ascenso y descenso vertical.

En fin, una vez más, la falta de información fidedigna (sobre todo acerca de las circunstancias de su descubrimiento) hace despertar más de una sospecha. De este modo, para muchos críticos el artefacto –en tanto que oopart– es un fraude, pues se trataría en realidad de un pequeño objeto perteneciente a una maquinaria de excavación (un EBT, o diente de pala excavadora) que quedó abandonado sufriendo luego una fuerte corrosión. En suma, estaríamos ante un objeto real, de una aleación nada extraña en los procesos industriales modernos, pero mal datado / interpretado, aunque quedaría la incógnita de saber cómo fue a parar a un estrato geológico tan antiguo... dando por hecho que no se actuó dolosamente, colocando el objeto en tal estrato.

Una extraña perforación en Noruega


Aspecto de la perforación de Volda (Noruega)
A finales de 2007, unos obreros de la construcción estaban trabajando en los cimientos de un edificio en un acantilado próximo a la localidad de Volda (Noruega) cuando a varios metros de profundidad apreciaron la existencia de un trépano o perforación en forma de estrella de siete puntas. Esta perforación, de unos 6 cm. de diámetro, mostraba un aspecto regular, suave y pulido, nada tosco o primitivo, lo que daba la impresión de haber sido realizada con maquinaria moderna. Al inspeccionar el agujero, uno de los operarios observó que la perforación era muy profunda y que se adentraba en las montañas de los fiordos colindantes. De hecho, más adelante, una pala excavadora se abrió paso unos cuatro metros en la roca y se pudo comprobar que la perforación era como un “mini-túnel” que tras un inicio recto proseguía hacia el interior de las montañas, desviándose hacia la derecha y con un ángulo descendente de entre 20 y 30 grados.

Ante este fenómeno tan inusual, los geólogos locales aportaron tres hipótesis:

1)    Que el trépano estuviera relleno originalmente por un cristal que se disolvió por la acción del agua durante miles de años (dejando el espacio hueco), siendo la figura de estrella un efecto del puro azar.
2)    Que el trépano tuviera su origen en los años 30 del siglo pasado, dado que esa época el acantilado se usó como cantera. La forma de estrella sería resultado del uso de martillos neumáticos que utilizaban seis piezas unidas de broca.
3)    Que una antigua civilización desaparecida –pero muy adelantada tecnológicamente– fuera capaz de realizar dicha perforación con medios desconocidos.

Como es bien sabido, el tema de la tecnología de trépanos viene siendo objeto de atención por parte de la arqueología alternativa, sobre todo con relación a los trépanos hallados en Egipto, donde se han identificado trépanos de avanzada factura sobre piedras muy duras como el granito. La arqueología ortodoxa insiste en que tales perforaciones no tienen  nada de particular y que podían ser realizadas perfectamente con la tecnología de la época, con herramientas de cobre y piedra... y mucha habilidad y esfuerzo.

En este caso particular de Noruega, la hipótesis de la formación cristalina presenta el problema de que se aprecia un marcado desvío intencionado a la derecha, lo que parece poco probable en un fenómeno natural. En cuanto a las perforaciones del siglo XX, habría que comprobar si realmente las brocas empleadas podrían haber dado esa forma de estrella de siete puntas (totalmente inusual en la tecnología de este campo). Pero sea como fuere, dada la profundidad de la perforación, queda muy en entredicho que una maquinaria moderna pudiera obtener ese resultado. Además, seguimos sin tener respuesta para las preguntas más básicas: ¿quién iba a realizar tal perforación tan inusitada? Y sobre todo, ¿con qué fin?  Por de pronto, apenas hay información que nos pueda aportar pistas sobre este extraño conducto subterráneo.

Y finalmente, nos quedaría la tercera hipótesis, que sería el reconocimiento explícito de la existencia de una civilización muy avanzada en tiempos remotos. Por supuesto, con la mente abierta, esta propuesta podría ser la respuesta correcta; el problema es demostrarla de manera fehaciente...

© Xavier Bartlett 2017

Fuente imágenes: Google Images


[1] Out-Of-Place-Artefacts: Objetos aparentemente ajenos a su contexto espacio-temporal.
[2] Cavidad rocosa, generalmente cerrada, en la que han cristalizado minerales que han sido conducidos hasta ella disueltos en agua subterránea y cuyos cristales son de gran tamaño.
[3] Este tipo de enchufe sólo se usa de forma estándar en Israel.
[4] Según otras fuentes, se trataba de buscadores de oro.
[5] Uvarov da por supuesto que los hombres primitivos no eran capaces de tales proezas, y por exclusión sólo quedan los alienígenas, en una línea coherente con los postulados de Erich Von Däniken.
[6] Por cierto, en las escasas y repetidas fotos disponibles, los objetos muestran un aspecto excelente sin trazas de corrosión.
[7] Mamífero prehistórico que vivió entre los periodos Mioceno y Pleistoceno. Esto implica una datación mínima de unos 11.000 años hasta unos pocos millones de años.

5 comentarios:

Piedra dijo...

Cuando el objeto no se puede explicar, se pierde, cuando no se puede perder, se le entrega a unos ufólogos, que con la mejor de las intenciones y sin ellos pretenderlo, echarán por tierra cualquier teoría seria: será una pieza de nave marciana.

Para mi existen dos explicaciones, el que realmente sean tecnología extraterrestre o que sean fraudes, pero de la oficialidad, para que pensemos que existió una tecnología avanzada anteriormente, es decir, si que creo que han existido civilizaciones muy superiores en nuestro propio planeta, pero dudo que necesitasen de cacharros tecnológicos, la tecnología castra al ser humano de sus capacidades naturales, de su divinidad.

Y sobre objetos fuera de tiempo, no busquemos dentro de rocas o debajo de huesos de dinosaurio, tenemos el mayor que existe en la meseta de Giza, primero que expliquen eso los académicos (oficialistas).

Un saludo.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias Piedra

Bueno, básicamente coincido con lo que comentas; mucha gente del mundillo alternativo (especialmente ufológico) no hace más que estropear y desprestigiar el estudio serio de los ooparts. Yo particularmente no veo presencias extraterrestres, sino conocimientos heredados de una civilización perdida o bien de una casta elitista con altos saberes no disponibles para todo el mundo, pero sólo cuando los ooparts son reales, que -como has visto- hay mucha ignorancia y manipulación.

Pero, vaya, bien es cierto que los "cacharros tecnológicos" palidecen frente a una tecnología basada en los poderes de la conciencia, la cual se nos escapa por completo. De todas formas, te apunto que Pauwels y Bergier, dos famosos iniciados y esoteristas, ya hablaron de una ciencia esotérica a medio camino entre lo técnico y lo espiritual, y ahí podría caber el famoso monumento de Giza, entre otros muchos "misterios del pasado".

Un saludo,
X.

Fulgencio dijo...

Leyendo este articulo de los ooparts como usted dice es posible que procedan de culturas antiguas de las que no se tiene registro soy solo un aficionado a este tipo de temas pero
¿es posible que la humanidad en la que actualmente vivimos solo sea una mas de las que han existido anteriormente ? y que esas han alcanzado niveles culturales y tecnologicos avanzados quizas mas de los que se disponen actualmente y que esa sea parte de la explicacion de la existencia de estos ooparts que vemos como sofisticados y sin explicacion razonable o de otra manera ¿ que la humanidad tenga ciclos y asi es como han existido otras en este planeta y que por muchas razones no se tiene conocimiento de ellas ?

Xavier Bartlett dijo...

Amigo Fulgencio

Muchas gracias por su comentario. En este mismo blog tengo un artículo dedicado a los ooparts en general e incluso un extenso vídeo sobre el mismo tema. Como usted verá, mi posición no es la de admitirlo todo, ni dar por hecho que los ooparts son fruto de civilizaciones de otros ciclos, aunque ello podría ser posible en algunos casos.

Hay ooparts que no son tales, como se muestra en este artículo o que son fraudes o piezas simplemente mal interpretadas. Y entre los "auténticos", hay algunos que podrían responder a saberes avanzados ocultos y otros que tal vez pertenecieron a humanidades anteriores. Esto nos llevaría a considerar el tema de la historia cíclica, de la cual también he hablado en este blog. Le recomiendo al respecto los artículos "La historia como ciclos de conciencia" y "Una cronología alternativa para la historia de la humanidad".

Saludos cordiales,
X.

Unknown dijo...

Intentar desacreditar el pie de aluminio de Aiud diciendo que es el diente de una pala excavadora es absurdo ya que estas piezas son de acero endurecido, nunca de aluminio. Estos argumentos solo os desacreditan a vosotros mismos.