Entrevista a Virginia Steen McIntyre



Introducción


Virginia Steen McIntyre
En la década de los 60 del pasado siglo un equipo de arqueólogos estadounidenses encontró en el yacimiento prehistórico de Hueyatlaco (Valsequillo, México) una serie de herramientas de piedra de cierta calidad, muy parecidas a las que había hecho el hombre de Cro-Magnon (Homo sapiens) en Europa hace unos 30.000 años. Ahora bien, cuando unos técnicos del US Geological Survey (Prospecciones Geológicas de EE.UU.) procedieron a datar los estratos donde se habían localizado los utensilios líticos, saltó la sorpresa. Después de aplicar cuatro métodos de datación diferentes, los geólogos concedieron al estrato una antigüedad de 250.000 años.

¿Cuál era el problema? Esta cronología no podía ser posible, ya que oficialmente América no había sido poblada por humanos hasta el 20.000 a. C. como muy pronto, y lo que es más grave, hace 250.000 años no había Homo sapiens ni en América ni en ninguna otra parte del mundo. En definitiva, una bomba para el evolucionismo académico. Enseguida se creó una fuerte controversia y la publicación de los hallazgos se fue aplazando hasta 1981, cuando por fin salió un artículo sobre Hueyatlaco en la revista Quaternary Research. ¿Consecuencias? La geóloga Virginia Steen-McIntyre, que había defendido a capa y espada las dataciones y había criticado fuertemente al establishment académico, cayó en desgracia.


La siguiente entrevista a Steen McIntyre, realizada hace unos pocos años, es una reflexión que va más allá del caso específico de Hueyatlaco y que pone de manifiesto la existencia de graves problemas en la ciencia actual, dado que –al contrario de lo que podría parecer– las creencias y el dogmatismo, disfrazados de ciencia empírica, impiden el avance del conocimiento.


 ¿Qué le pasa a la ciencia?
A la ciencia en sí misma, nada. Se trata de un método utilizado para observar una pequeña parte de la realidad, sobre todo el universo físico. El problema surge cuando las personas, tanto los científicos como el público en general, tratan de convertirla en algo que no es: una visión del mundo, por ejemplo.

Sin embargo, a menudo se oye hablar de “la visión científica del mundo”
Es una contradicción en los términos. La ciencia se ocupa de la medición y la manipulación de hechos concretos. Una visión del mundo mira esos hechos desde cierta perspectiva. Todas las visiones del mundo se sustentan por la fe, incluso las supuestamente científicas.

¿Por ejemplo?  
Como la que afirma que el universo físico que conocemos es todo lo que existe, y que se desarrolla por azar a lo largo del tiempo.  

¿Es esa una mala teoría?
No, si tenemos en cuenta que es sólo una teoría o una filosofía, o una religión o una visión del mundo entre muchas otras igual de válidas. El peligro surge cuando se convierte en la única teoría. Entonces es sólo cuestión de tiempo que acabemos tragándola como si fuera un hecho. Cuando eso sucede, adiós a la libre investigación.  

¿Ve usted que esté ocurriendo esto en la cultura occidental?
Mire a su alrededor. ¿Cuándo fue la última vez que observó que esa teoría particular fuese seriamente cuestionada por los medios científicos?

Pero, insisto, ¿puede ser así de mala si se trata de la correcta visión del mundo?
¿Quiere decir políticamente correcta? Obviamente, así es, ¡pero a mí esto me hace cuestionarla más que nunca!

¿Por qué?
Mire la historia. ¿Desde cuándo un gobierno, incluso el mejor, se mantuvo fiel al ideal del bienestar del hombre común?

¿Por qué los gobiernos están tan interesados ​​en esta particular visión del mundo?
Debido a que está entrelazada con la Teoría de la Evolución: si aceptas una, has de aceptar la otra.

¿Y qué hay “de malo” en la teoría de la evolución?
Nada, si asumes que sólo se trata de una teoría (y débil, como tal). Pero piense por un momento. Todos los grandes déspotas y aspirantes a dictadores desde la época de Darwin han abrazado esta teoría: Marx, Hitler, Mao. Les da libertad para matar a los que no les gustan y para tontear con la genética para crear superhombres. Después de todo, cuando la teoría de la evolución es llevada a su conclusión lógica, el único imperativo moral requerido es la supervivencia del más apto.

¿Así que no le gusta la teoría de la evolución?
No. No me gusta por razones científicas: por de pronto, va en contra de la Segunda Ley de la Termodinámica. No me gusta por razones filosóficas y religiosas. Y no me gusta particularmente porque contribuyó arruinar mi carrera.

¿Cómo es eso?
La arqueóloga encargada de la excavación de Hueyatlaco (donde se habían hallado herramientas de piedra de buena factura) rechazó nuestras dataciones geológicas de un cuarto de millón de años, ya que, según su creencia, el hombre moderno, el autor de esas herramientas, todavía no había evolucionado hace 250.000 años. Evolucionó hace tan sólo 100.000 años y  estaba ubicado en el Viejo Mundo, no en el Nuevo. Es un caso clásico de argumentación desde la teoría a los datos, y acto seguido se desestiman los datos que no encajan con ella.

¿Cómo pudo ella salirse con la suya con un pensamiento tan defectuoso?
Fue una cuestión de influencia por su parte y de la falta de ella en mi caso. Ella era antropóloga, graduada por Harvard y Radcliffe con amigos poderosos. Yo era una geóloga, con una reciente licenciatura por la Universidad de Idaho, en busca de trabajo.

Parece que existe una gran confrontación en torno al yacimiento de Hueyatlaco: arqueólogos contra geólogos.
Habría sido así si todos los hechos se hubieran difundido ampliamente. Sin embargo, las dataciones se realizaron hace más de 25-30 años. ¿Alguna vez las ha oído mencionar? No hay controversia. El yacimiento y nuestro trabajo geológico simplemente se han ignorado.

¡No es un enfoque muy científico!
No, por supuesto que no. Pero ahí está.

¿Qué críticas han vertido los arqueólogos hacia su trabajo geológico?
A la cara, ninguna: esa es la parte frustrante. Dado que el documento sobre Hueyatlaco fue publicado por primera vez en 1981, sólo cinco científicos me han contactado por su propia cuenta para obtener más información. Y sólo uno de ellos era arqueólogo.

¡Eso es increíble! Y, ¿qué dicen los arqueólogos entre ellos?
Nada bueno, me imagino. Trabajé con un grupo de ellos en un laboratorio a mediados de los años 60. Era un mundo diferente. No importa cuál fuera su especialidad, al final cada estudiante graduado salía de allí con un grado extra-curricular “BS” (Back Stabber[1]). Lo primero que aprendías en la sala del café era quién “sabía” y quién estaba “fuera de juego”. Despedazar verbalmente a los que no contaban para nada casi llegaba a ser un juego. C.S. Lewis captó el sabor de este juego en su novela Esa fuerza horrible.

Supongo que usted ha sido relegada a la categoría de “fuera de juego”.
Esto parece evidente. Una vez has adquirido una mala reputación en la comunidad científica, aunque sea el resultado de rumores y mentiras en toda regla, ésta se extiende. En 1973, cuando dimos a conocer por primera vez los resultados de las nuevas excavaciones y las dataciones por fisión, ya estaba bastante sentenciada.

Conseguí una incipiente reputación internacional, gracias a mi investigación básica sobre las capas de cenizas volcánicas, a una amplia correspondencia con mis colegas, a un trabajo a tiempo parcial en un laboratorio del gobierno que asumí que me llevaría a cosas mejores, y más tarde, a una plaza de profesor adjunto en el departamento de antropología de una universidad estatal.

Hoy en día, no queda nada de esto. Mi último trabajo fue como jardinera, cuidando parterres de flores en una residencia local de ancianos unas pocas horas a la semana.

¿Está amargada?
Yo lucho contra la amargura. Pero esa emoción, si llega a ser crónica, te arruina la vida. Desde luego, no estoy contenta por el modo en que ocurrieron las cosas. ¡Me duele!

Los científicos inconformistas, obviamente, no lo tienen fácil. ¿A veces se siente como el Llanero Solitario?
Más bien me siento como uno de tantos Davides que lanzan piedras a Goliat. Hueyatlaco no es el único yacimiento de hombres primitivos censurado en el Nuevo Mundo, es tan solo la punta del iceberg.

Ahí está el recientemente fallecido Tom Lee, un arqueólogo canadiense. Tuvo la mala suerte de encontrar un sitio muy antiguo en una isla de uno de los Grandes Lagos en los años 50. No sólo perdió su empleo público, ¡además lo internaron en un manicomio durante un tiempo! Después está Dee Simpson y el yacimiento de Calico, en el desierto de Mojave de California. La tierra de la parte superior de la columna de sedimentos contenía artefactos de 200.000 años de antigüedad, lo que hace que los estratos y los artefactos por debajo de ésta sean mucho más antiguos. Louis Leakey, que hizo su fama en África, reconoció en los años 60 que los artefactos de piedra eran herramientas y no el resultado de causas naturales. Luego está George Carter y sus yacimientos en el área de San Diego. ¡Ha estado luchando contra el estamento arqueológico durante 50 años! Y muchos más.

¿Qué cree que se debería hacer ahora?
Varias cosas. En primer lugar, es necesario que haya más investigación en el área de Valsequillo: más fechas radiométricas, más trabajo de campo, más excavaciones arqueológicas. Afortunadamente, esto se está llevando a cabo gracias al apoyo de un rico filántropo. Científicos de los EE UU y de México han estado trabajando allí desde el otoño de 1997. No me han informado de los resultados de su investigación; estoy segura de que querrán difundir la información ellos mismos, ¡pero me han dicho que debería hacerme muy feliz!

En segundo lugar, hemos revertir de alguna manera una tendencia alarmante que ha aparecido en la comunidad investigadora de hoy en día: la tendencia a una ciencia “complaciente”, donde los hechos no cuentan si cuestionan una visión del mundo políticamente correcta. Fue precisamente ese tipo de "ciencia" la que reinó en la Unión Soviética durante décadas. ¡Y vaya dolor de cabeza que causó a todos los interesados​​!

En tercer lugar, ¡se debe acabar con la censura de nuestro trabajo y el trabajo de nuestros compañeros! Los científicos no pueden permitirse ser rígidos en sus teorías, al menos si están en busca de la verdad. Debemos separar la “ciencia-como-método”, que está disponible para uso de todos, de nuestras visiones del mundo. Todos nosotros tenemos una visión del mundo en el que vivimos, tanto si somos conscientes de ello como si no. Cada persona es única y desarrolla sus propias experiencias de vida personales. Cada uno es aceptado con confianza. ¡Reconozcamos este hecho! ¡Trabajemos con él! Un problema tan espinoso como la antigüedad de los primeros humanos en el Nuevo Mundo sólo puede beneficiarse de un ataque en varios frentes por científicos con diferentes visiones del mundo. Mi ideal es la búsqueda de la verdad en un ambiente de libre examen y respeto mutuo. Después de todo, ¿no es esto lo que debería ser la ciencia?


(Fuente: http://s8int.com/WordPress/2005/06/24/whats-wrong-with-science-interview-with-virginia-steen-mcintyre/)






[1] Juego de palabras: BS en el ámbito académico es Bachelor of Sciences (licenciado en ciencias), pero aquí se transforma en Back Stabber (“el que ataca por la espalda con un cuchillo”).

3 comentarios:

nick dijo...

Una entrevista interesantísima y descorazonadora al mismo tiempo; muy ilustrativa del estado de las cosas en la ciencia oficial. Muchas gracias.

Xavier Bartlett dijo...

Gracias por el comentario nick

Desgraciadamente así están las cosas, y mientras tanto mucha gente sigue creyendo en la integridad de la ciencia. No dudo de que haya personas efectivamente honestas e íntegras, pero la ciencia en general siempre ha estado unida al poder y eso trae sus consecuencias.

Saludos,
X.

Daniel Lolo dijo...

Se nota que Virginia esta medio amargada y se entiende, destrozaron su carrera, pero también debe ver el lado positivo y saber que algún día va a salir a la luz la realidad de las culturas antiguas y su nombre estará entre los primeros investigadores que abogaron por la verdad.